Entrevista a Sweeney aún en la cárcel (Ene. 1873)

 

El Doctor Thomas Alker nos abre la puerta de su celda y nos cuenta cómo espera la condena.

A las 8:30 de la mañana llegábamos mi ayudante, la señorita Williams y un servidor a la esquina de Newgate Street y Old Bailey. Nuestro propósito era el de entrevistar al hombre del que todo el mundo habla en Londres. El Doctor Thomas Alker.

Nos introdujimos en la prisión con la idea de sacar la verdadera cara del despiadado asesino que aún espera la condena por parte de la corte. Acusado de matar a las damas Matilda Clover, Susan Donworth y Marsh Shrivel, entre muchos otros horrores.

La cárcel de Newgate es conocida por sus ajusticiamientos y la gran destreza de sus verdugos a la hora de realizar su cometido. Los fríos y gruesos muros de la penitenciaría crean un ambiente hostil y lóbrego. Los funcionarios no son muy simpáticos pero parecen hombres de bien. Nada más entrar nos recibe Lord Arthur McCanihal, el alcaide de la prisión.

A: Esto no es un jardín de infancia. Dirijo mi cárcel con puño de hierro y ningún preso está por encima de ningún otro.

El doctor Alker tiene un trato igual que cualquier otro preso. Desarrolla el trabajo de barbero de la cárcel y no recibe un chelín por ello.

 

El alcaide zanja la conversación mientras nos invita a pasar a las dependencias donde un guarda nos espera.

Mientras caminábamos hacia la celda de Alker, mi ayudante se apresura a sacar papel y lápiz para poder retratar el rostro del hombre del momento.

Entrevista Sweeney Celda NewGate

A los pocos minutos nos encontramos de frente con el rostro duro y frío de Alker, que nos mira apoyado en los barrotes. Nos invita a pasar y tomamos asiento.

Me percato enseguida que más que una celda parece una barbería. Alker tiene un sillón de cuero, navajas, tijeras y estanterías con productos cosméticos. Me quedo sorprendido al recordar las palabras del alcaide insistiendo en que ningún preso es mejor que otro.

Mientras la señorita Williams se afana en pintar rápidamente, yo comienzo la entrevista.

 

P: Buenos días Dr. Alker, gracias por recibirnos en su celda. Nos ha costado mucho esfuerzo y papeleo poder tener una entrevista con usted. Me gustaría comenzar por la primera pregunta. ¿Quién es usted y por qué está aquí?

Alker: Bienvenidos. Siempre es agradable recibir una visita. Mi nombre es Thomas Alker. Doctor Thomas Alker. 

Nací en Glasgow y siempre me interesó la medicina, por lo que cuando tuve la suficiente edad para viajar solo, me marché a Edimburgo, donde me hice cirujano sin mucho esfuerzo.

Los motivos que me han traído hasta esta prisión de mala muerte seguramente varíen dependiendo de la persona a la que pregunten. Ya sabe que en estos tiempos, no hay nada más entretenido que los chismes y las habladurías.

P: El jefe de policía nos ha dicho que usted es responsable de la muerte de varias personas, entre ellas las de las señoritas Matilda Clover, Donworth, Marsh y Shrivel. Amén de otros tantos cadáveres que se le atribuyen ¿Qué tiene que decir a eso Dr. Alker?

Alker: Así que eso dice el viejo jefe Smith de mi (se ríe socarronamente). No sabía que me había convertido en un asesino despiadado.

Aquí en prisión estamos aislados del mundo real y tengo demasiado trabajo como para ponerme a saber los chismes que se cuentan de mí fuera. Estoy seguro que Londres tiene un buen entretenimiento con esto (vuelve a reir).

P: No me ha contestado a la pregunta Dr. Alker, insisto, ¿tiene algo que decir acerca de estas acusaciones?

Alker: Sólo le diré que lo que ha pasado no tiene nada que ver con el sadismo, o una afición a la sangre. Todo lo que he hecho ha sido en nombre de la ciencia y nada tiene que ver con esa imagen de sanguinario que la prensa me da.

P: Bueno, creo que actualmente usted tiene muy buena prensa en las calles de Londres. De hecho, es usted muy conocido y está bastante solicitado, ¿nos puede hablar de por qué es tan famoso?

Alker: Oh (ríe para sí mismo) sí, ciertamente esa otra fama de la que habla es mucho más agradable.

Al poco tiempo de llegar a Newgate me hice el barbero de la cárcel. Comencé haciendo intercambio de favores con otros presos. Yo les cortaba el pelo, o les afeitaba y a cambio obtenía más comida, productos y, lo más importante, respeto.

P: Eso es algo que se palpa en el ambiente. Se nota que aquí dentro se ha trabajado un estatus y que incluso los guardias le tratan diferente. De hecho, dicen que tiene un mote, ¿no?

Alker: Aquí todos tenemos mote. Sweeney es sólo un apodo que empezaron utilizando los presos y que pronto empezó a extenderse a los funcionarios de la prisión.

P: Pero, aparte de su sobrenombre aquí en la penitenciaría,  usted está creando un estilo propio que cada vez es más famoso entre la alta sociedad londinense. Hablemos del corte Sweeney.

Alker: Como antes les he comentado, empecé a cortar el pelo a mis compañeros. Pronto los guardias también me solicitaron cortes y un día hasta el mismo alcaide se presentó en mi celda para que le hiciese un corte de pelo. 

A raíz de ese momento muchos conocidos del alcaide de Newgate vinieron a visitarme y solicitarme un “corte Sweeney”. El resto ya lo saben ustedes (sonríe satisfecho).

P: Además veo que ha hecho de la celda su propia barbería. ¿Todo este instrumental ha sido cedido por la cárcel de Newgate?

Alker: Algunas cosas como el sillón han sido regalos de clientes, otras las he tenido que conseguir por mi cuenta.

P: Entonces, ¿las ha conseguido de forma ilegal?

Alker: Digamos que, aquí dentro, las cadenas de favores funcionan muy bien para poder llevar a cabo los productos para mi pequeño negocio.

P: ¿Qué productos ha podido fabricar?

Alker: Gracias a mis conocimientos científicos he podido desarrollar tres tipos de productos diferentes con tres aromas diferentes, para que puedan satisfacer a todos mis clientes. 

Al elaborar mis productos quería que fueran de calidad, pero al mismo tiempo que fueran únicos. Buscaba unas fragancias que fuesen diferentes, pero que al mismo tuvieran una impronta varonil y mucha personalidad. 

A partir de esto, fabriqué un champú, un jabón para barbas y bigotes y un aceite para barba, que no sólo deja la barba hidratada, sino que además es irresistible para las damas por su aroma.

P: ¿Cómo consiguió el material necesario?

Alker: Ya es hora de salir al patio. Qué les parece si damos una vuelta por la penitenciaría y les enseño cómo conseguí todo. 

 

Junto con el Dr. Alker pudimos dar un tour muy completo y nos puso en conocimiento cómo funcionaba la prisión de Newgate. Nuestra primera parada fue la cocina de la cárcel, donde el cocinero nos recibió amablemente entre ollas y fogones.

Entrevista Sweeney Barbería Newgate

 

P: ¿Cómo se conocieron usted y el Dr. Alker?

Cocinero: Conozco a Sweeney desde que lo metieron preso. Un día vino a pedirme unas especias y yo se las di encantado. Me cuesta mucho creer todo lo que se dice de él ciertamente.

Creo que es un hombre muy culto y que además sabe hacer su trabajo (dijo mesando su abundante barba) es el único que me toca la barba después de mi mujer (soltó una sonora carcajada).

Alker: Gracias a Albert pude realizar la primera gama de productos con una base sólida y aroma especiado. Fue un gran favor.

Entrevista

Tras un fuerte apretón de manos entre el cocinero y Alker nos fuimos al siguiente destino que el barbero nos quería mostrar.

Caminamos por un largo pasillo que parecía que nunca acababa. Tras unos cuantos recodos, llegamos finalmente a la botica de la prisión donde, con rostro serio, nos recibió el boticario William Fergusson.

 

P: Díganos, ¿qué piensa del Dr. Alker?

Farmacéutico: Al principio, tras leer lo de los asesinatos, Alker no me gustaba. No quería tener nada que ver con un asesino (mira a Alker con rostro serio).

Pero luego, cuando se convirtió en el barbero de la cárcel y hasta el mismísimo alcaide fue a cortarse el pelo y a afeitarse con él, hizo que cambiase de idea.

Un día vino a pedirme un poco de menta de la botica, y aunque estaba un poco reticente se la cedí porque con la menta salvo quitar dolores de cabeza poco mas se puede hacer (se ríe).

Alker: Sí, bueno, gracias a la menta pude elaborar la segunda tanda. Es una esencia fresca y natural.

Entrevista Sweeney Last Mint Breath

Tras esta breve entrevista Alker y el boticario se despidieron fríamente y continuamos las visita.

Caminamos con el Dr. Alker a ritmo lento, mientras él nos iba presentando presos y funcionarios. El ambiente era de camaradería y de un profundo respeto. Casi como si la penitenciaría de NewGate hubiera elegido un nuevo alcaide, un alcaide llamado Thomas Alker.

Nos dirigió hacia un gran barracón al otro lado del gran patio de la cárcel. Nada más entrar en él, advertimos un rotundo aroma a madera cortada y un picor de nariz molesto debido a las microscópicas motas de polvo que flotan en el aire.

Vemos a los presos llevar afanosamente tablones de madera y muebles de un lado para otro mientras nos seguimos abriendo paso a través del barracón, hasta que nos aproximamos a un grupo de presos que estaban ensamblando ataúdes.

Uno de ellos con una gran barba negra se acercó a saludar a Alker.

 

P: ¿Qué le une al Dr. Thomas Alker?

Carpintero: (Suelta una gran y sonora carcajada) ¿Doctor? Sweeney tiene pinta de todo menos de doctor (vuelve a reir mientras se hecha mano al bolsillo de su camisa y saca tabaco y papel de liar).

Sweeney me curó un dolor de muelas que venía torturándome desde hace semanas. Aunque más que doctor yo creo que es un matasanos (sonríe hacia Alker). Un día me pidió que le guardase los restos de la madera que utilizamos para montar los ataúdes.

P: ¿Cómo que le pidió la madera de los ataúdes y no la de por ejemplo un mueble?

Carpintero: Amigo, para los ataúdes utilizamos madera de cedro, y para los muebles suele ser pino y roble. Los motivos por los que este matasanos me pidiera la madera de los ataúdes sólo él los conoce.

Alker: Yo elegí el cedro porque tiene un aroma característico que ayudó a definir la última gama de productos. La madera da un toque cálido y varonil al producto y por supuesto un olor característico.

Tras la breve entrevista, Alker y el carpintero se despidieron con una mirada cómplice y continuamos el paseo. Casi sin darnos cuenta, nos percatamos de que Alker nos había acompañado a la salida de la prisión.

 

P: Doctor Alker, le agradezco que nos haya dedicado parte de su tiempo. Ha sido una experiencia muy agradable.

Alker: Gracias a ustedes, ha sido un placer para mi. Ya les dije que no todos los días tenía visitas tan agradables y menos de damas tan hermosas y talentosas como su ayudante.

 

Nos despedimos con un apretón de manos. La próxima vez que veamos a Alker será en la corte, a la espera de su sentencia final.

 

 

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